Hablar de las mujeres en la época de la independencia de México resulta interesante porque con costumbres sumamente machistas de la época era imposible pensar en que las mujeres intervinieran en la política mucho menos en el movimiento armado. A las mujeres las mueven las emociones, naturalmente sensibles a la injusticia, las mujeres de este tiempo eran conscientes de la desigualdad que afectaba a la mayoría de la población, también deseaban mejores puesto para los esposos y los hijos porque al ser criollos no podían acceder a los lugares más altos de poder en la Nueva España.
Con el estallido de la guerra de independencia, algunas mujeres salieron de sus papeles tradicionales, y algunas otras dieron a sus papeles tradicionales un significado político. Aunque sólo son conocidas las hazañas de unas pocas heroínas, son muchas las mujeres que, en silencio, participaron en la lucha tanto en la parte insurgente como en la realista de una manera esencial para alcanzar los objetivos nacionales de las 2 partes, respectivamente. Un claro ejemplo de la contribución de la mujer insurgente fue la “seducción de la tropa”, es decir, tratar de persuadir a los soldados para abandonar el ejército realista y unirse a los insurgentes. Algunas de ellas llegaron a prostituirse para cambiarse de bando; tal es el caso de Carmen Camacho quien, después de hacer amistad con los soldados de una guarnición local, los invitaba a acompañarla una noche, en alguna pulquería ó a algún mesón, y después de unos cuantos tragos, los convencía de desertar, prometiéndoles una parcela en el México independiente, como recompensa.
Esta situación preocupaba profundamente al virrey Félix María Calleja, ya que algunos miembros eclesiásticos, convencidos por mujeres, predicaban la rebelión en los confesionarios. Para 1815, un juez llegó a declarar que las mujeres eran uno de los mayores males que hubieran tenido desde el comienzo de la guerra, pues debido a su “sexo”, eran el instrumento para seducir a toda clase de personas. y tenía razón, pues gracias a sus largas y amplias faldas, podían contrabandear mensajes y armas debajo de éstas.
Hacían de espías, a través de una red informativa de sirvientas y amigas, que por razones de trabajo ó su matrimonio, estaban diariamente en contacto con oficiales y soldados realistas y cuando eran apresadas, aprovechaban la “debilidad de su sexo”, invocando a la situación de sus hijos, ó fingían embarazo para que las liberaran; otras, simplemente argumentaban que seguían órdenes de sus maridos, en contra de su voluntad.
Por otra parte, mujeres mexicanas casadas con españoles realistas, simpatizaban con los rebeldes, como es el caso de Mariana Rodríguez del Toro, que, aunque no desafió a su marido don Manuel Lazarín, tenía un salón en el que la política era un tema de conversación bastante frecuente. En una de ésas discusiones, doña Mariana presentó un plan para tomar al virrey Francisco Javier Venegas como rehén para obtener la liberación del padre Miguel Hidalgo; desafortunadamente, su conspiración fue descubierta.
Por parte de las mujeres realistas estaban “las patriotas marianas”, éstas fueron la primer organización femenina secular conocida en la ciudad de México; fue fundada por Ana Iraeta de Mier, cuando el ejército de hidalgo rodeó la capital en 1810. Su propósito principal era: proteger a la virgen de los remedios, patrona del ejército realista, guardaban la imagen de la virgen en la catedral y la bordaban en las banderas del ejército, para contrarrestar los estandartes de la virgen de Guadalupe; además colaboraron con la propaganda española, recolectaron fondos que destinaron, principalmente, para ayudar a las familias necesitadas de soldados realistas, este grupo estaba formado aproximadamente por 2500 mujeres.
La gran capacidad de las mujeres de la independencia se hizo evidente entre el gobierno y los revolucionarios, éstos últimos hicieron especiales esfuerzos de propaganda para instar a las mujeres a unirse a la lucha: “A las guerras americanas, vamos con espadas crueles a darle muerte a Calleja y a ver al señor Morelos”, decía uno de los folletos.
Aunque después de la independencia, la nueva república no permitía a las mujeres votar ni ocupar cargos públicos a pesar de haber desempeñado un papel sumamente inspirador para ser reconocido, no tuvo mayor repercusión. Decía el escritor liberal Guillermo Prieto: “que sepa coser, guisar, barrer... que halle en la virtud placer y utilidad, que sea religiosa, pero que no desatienda por una novena un guiso... ¡el día que hable de política, me divorcio!.... describiendo a su mujer ideal. Aún así, la mujer ha demostrado, afortunadamente, que no sólo es una sirvienta, una compañera de cuarto, una madre, es mucho más y gracias a ellas, los mexicanos han ido trasformado la historia.
Dentro de este grupo de mujeres valientes que rompieron esquemas tradicionales para participar activamente en el movimiento independentista destaca Josefa Ortiz de Domínguez esposa del corregidor de Querétaro y Leona Vicario, Es importante citar las biografías de las mujeres más sobresalientes en la lucha por la independencia, sin querer decir con esto, que la participación de las demás mujeres haya sido menos importante.
Josefa Ortíz de Domínguez
Nacida en el seno de una familia de españoles de clase media, Josefa Ortiz de Domínguez fue bautizada el 16 de septiembre de 1768 con los nombres de María de la Natividad Josefa. Su padre, Juan José Ortiz, fue capitán del regimiento de los morados y murió en acción de guerra, cuando ésta contaba con pocos años de edad. Tras la muerte de su madre, María Manuela Girón, se hizo cargo de su educación su hermana María, la cual solicitó su ingreso en el Colegio de San Ignacio de Loyola.
Además de estas labores domésticas, Josefa Ortiz de Domínguez se mostró muy identificada con los problemas de la clase social de los criollos, a la cual pertenecía por ser descendiente de españoles; ya que a pesar de las reformas realizadas tras la llegada de los Borbones a España (1700), se perpetuó la tradición de que fueran españoles, nacidos en la península, los que ocuparan los altos cargos de la administración virreinal y del ejército, relegando así a los criollos a los puestos secundarios.
Josefa defendió sus intereses de clase y también se hizo eco de las reivindicaciones de indios mexicanos, los cuales vivían en condiciones lamentables. Por este motivo durante toda su vida, intentó que se reconocieran los derechos de los indígenas y además aprovechó su posición, como mujer del corregidor, para llevar a cabo numerosas obras de caridad.
En 1808 se produjo la invasión napoleónica de España, la cual tuvo como consecuencia el inicio de la guerra de la Independencia y la formación de las juntas de gobierno, ante la ausencia de Fernando VII. Las noticias llegadas de España en 1808 parece que iniciaron el movimiento independentista de México, ya que tras las primeras muestras de apoyo al rey comenzó a fraguarse en algunas mentes la idea de separarse totalmente de España.
Tras un intento fallido del virrey para formar una junta de gobierno independiente se produjeron las primeras conspiraciones destinadas a acabar con el orden establecido. Miguel Domínguez, como corregidor, apoyó al virrey en su decisión de formar una Junta de gobierno, pero ante la imposibilidad de llevar estos planes a la práctica, se hizo partidario de los ideales independentistas, parece que a instancias de su mujer, que se convirtió en una firme colaboradora del movimiento.
Así, tras los primeros momentos de confusión, cada vez se hizo más claro para muchos, la necesidad de construir en México un Estado en el que imperaran los valores democráticos. Esto influyó notablemente en el matrimonio Domínguez, que abrió su casa a unas hipotéticas reuniones literarias, aunque en realidad se mantenían reuniones de carácter político, con posterioridad en ellas se tomarían decisiones para iniciar el movimiento revolucionario en la zona, bautizado tiempo después como la conspiración de Querétaro.
A estas reuniones políticas en casa de los corregidores, acudieron algunos de los más famosos revolucionarios de los primeros momentos de la independencia mexicana, como es el caso de los capitanes Arias, Aldama e Ignacio Allende, el cual parece que fue pretendiente de una de las hijas de Josefa.
El 13 de septiembre de 1810 se informó al juez eclesiástico Rafael Gil de León, que se estaba preparando una conspiración en Querétaro para proclamar la independencia de México, puesto que se estaban almacenando armas en las casas de los simpatizantes del movimiento revolucionario. Rápidamente dicho juez informó al corregidor Domínguez para que interviniera en el asunto
Josefa defendió sus intereses de clase y también se hizo eco de las reivindicaciones de indios mexicanos, los cuales vivían en condiciones lamentables. Por este motivo durante toda su vida, intentó que se reconocieran los derechos de los indígenas y además aprovechó su posición, como mujer del corregidor, para llevar a cabo numerosas obras de caridad.
En 1808 se produjo la invasión napoleónica de España, la cual tuvo como consecuencia el inicio de la guerra de la Independencia y la formación de las juntas de gobierno, ante la ausencia de Fernando VII. Las noticias llegadas de España en 1808 parece que iniciaron el movimiento independentista de México, ya que tras las primeras muestras de apoyo al rey comenzó a fraguarse en algunas mentes la idea de separarse totalmente de España.
Tras un intento fallido del virrey para formar una junta de gobierno independiente se produjeron las primeras conspiraciones destinadas a acabar con el orden establecido. Miguel Domínguez, como corregidor, apoyó al virrey en su decisión de formar una Junta de gobierno, pero ante la imposibilidad de llevar estos planes a la práctica, se hizo partidario de los ideales independentistas, parece que a instancias de su mujer, que se convirtió en una firme colaboradora del movimiento.
Así, tras los primeros momentos de confusión, cada vez se hizo más claro para muchos, la necesidad de construir en México un Estado en el que imperaran los valores democráticos. Esto influyó notablemente en el matrimonio Domínguez, que abrió su casa a unas hipotéticas reuniones literarias, aunque en realidad se mantenían reuniones de carácter político, con posterioridad en ellas se tomarían decisiones para iniciar el movimiento revolucionario en la zona, bautizado tiempo después como la conspiración de Querétaro.
A estas reuniones políticas en casa de los corregidores, acudieron algunos de los más famosos revolucionarios de los primeros momentos de la independencia mexicana, como es el caso de los capitanes Arias, Aldama e Ignacio Allende, el cual parece que fue pretendiente de una de las hijas de Josefa.
El 13 de septiembre de 1810 se informó al juez eclesiástico Rafael Gil de León, que se estaba preparando una conspiración en Querétaro para proclamar la independencia de México, puesto que se estaban almacenando armas en las casas de los simpatizantes del movimiento revolucionario. Rápidamente dicho juez informó al corregidor Domínguez para que interviniera en el asunto
Mujer brillante y decidida, al enterarse de que los realistas habían descubierto el lugar en donde se guardaban las armas para la rebelión que se preparaba, convenció a los insurgentes para que no esperaran hasta diciembre y adelantaran la fecha de la independencia para septiembre, ya su marido le había prohibido seguir frecuentando a los caudillos rebeldes, pues las autoridades habían amenazado con encarcelarla si ella seguía envuelta en conspiraciones, desesperado al ver que no la convencía, el 14 de septiembre de 1810, don Miguel manda encerrarla en su cuarto y pone un empleado en la casa para vigilarla y llevarle sus alimentos, mujer de recursos, a través de su ventana, doña Josefa se pone en contacto con un mensajero para que cabalgue hacia San Miguel el Grande, e informe al capitán Ignacio Allende, la gravedad de la situación. Este viaja inmediatamente al pueblo de Dolores y le avisa la cura Hidalgo que la conspiración ha sido descubierta, la decisión es unánime: tomar las armas inmediatamente.
Poco después, doña Josefa es apresada por las autoridades españolas y permanece prisionera durante más de 3 años. Esta gran patriota mexicana iniciadora y promotora del movimiento de independencia, muere en 1829.
Leona Vicario
Fue bautizada como María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador. Nació el 10 de abril de 1789 en la ciudad de México y murió el 21 de agosto de 1842 en el mismo lugar.
Sus padres fueron el español Gaspar Marín vicario y Camila Fernández de San Salvador, natural de la ciudad de san José de Toluca. Leona fue hija única; sus padres se esmeraron en su educación, cosa poco usual en las niñas de la época. Decidieron que leona no sólo aprendiera a rezar, a bordar y a tocar el piano -como toda futura dama-, le inculcaron el amor la historia, la literatura y el arte. Los padres de leona fallecieron cuando ella era adolescente, dejando en su testamento a don Agustín pomposo -tío de la niña- como tutor y albacea. éste se hizo cargo de los bienes y la educación de leona; compró una casa junto a la suya, para que la joven se instalara cómodamente y, al mismo tiempo, tuviera privacidad, otra gran sorpresa para las gazmoñas costumbres de la época. Leona se aficionó especialmente por los libros de política, filosofía y ciencias. Conoció al joven Octaviano Obregón y accedió a darle sus votos matrimoniales, pero el compromiso nunca llegó a celebrarse, pues Octaviano partió a España. y se olvidó del asunto. Para 1809, cuando Leona tenía 20 años, llegó un joven apuesto a trabajar en el despacho de abogados de don pomposo, su nombre era: Andrés Quintana Roo. La comunión fue casi natural: compartían ideas políticas, lecturas e intereses vitales, al poco tiempo surgió un sentimiento más profundo, que culminaría con la petición de mano de Leona, misma que fue negada por don Pomposo -realista de hueso colorado-, sabedor de las incendiarias ideas republicanas de Andrés, como pretexto esgrimió el anterior compromiso de Leona con Octaviano.
Andrés dejó la capital para enrolarse en el ejército insurgente que luchaba en Oaxaca bajo las órdenes de José María Morelos y Pavón, en lugar de lamentarse, Leona alentó a su novio, pues los 2 tenían grandes esperanzas en la independencia de la Nueva España, así mientras Andrés luchaba en Oaxaca, Leona clandestinamente comenzó a ayudar al ejército republicano, mandando correos a los soldados animando a los jóvenes a que se enlistaran, dando gran parte de su fortuna a la causa; en una palabra, arriesgando la vida. La lucha fue feroz y en todos los ámbitos hubo incluso un edicto de la iglesia católica, en el que animaba a todo creyente de esa fe, a delatar a quien apoyara a los insurgentes, aún si éste fuera un familiar.
Leona mantenía también correspondencia con las esposas de los insurgentes, para darles noticias de sus maridos. Su labor más arriesgada fue convencer a los armeros vizcaínos del virreinato para que hicieran fusiles y cañones, en Tlalpujahua para la causa insurgente, los armeros resultaron tan eficientes que lograron producir 10 cañones de fusil por día. Los gastos fueron sufragados casi completamente con la herencia de leona; también se pagó la ropa y medicamentos para los combatientes. En pago por sus servicios, el ejército insurgente le mandó las primeras monedas que acuñó en el sur de México: una de oro y una de plata. a los 24 años, con todos sus bienes confiscados, leona se casa con Andrés en Oaxaca. Rápidamente se adecuó a la nueva situación, cocinando, curando y escribiendo cartas a quien se lo solicitara.
en ese mismo 1813, forma en guerrero el supremo congreso, que sería encabezado por Andrés Quintana Roo como presidente y varios eminentes insurgentes. Los realistas persiguen encarnizadamente a los miembros del congreso, leona y Andrés se ven obligados a huir otra vez, y viven de los que encuentran en los montes, refugiándose donde pueden. Huyendo, leona dio a luz a su primera hija, Génova en 1817, poco tiempo después 2 insurgentes delatan al matrimonio y a su hija, y son aprehendidos en la sierra. Andrés había escapado dejando una solicitud al virrey para que indultara a su pequeña familia. este es concedido y se les da por destino España.
Al triunfo del ejército Trigarante, Quintana Roo es nombrado por Iturbide subsecretario de estado y de relaciones exteriores. Sin embargo por desacuerdos políticos con Iturbide y con el gobierno de Anastasio Bustamante, el matrimonio fue perseguido de nueva cuenta. Por fin en 1832 los Quintana Roo, pudieron gozar de tranquilidad y bonanza. Leona murió tranquilamente en su cama; en su casa ubicada en la calle de Santo Domingo a los 53 años de edad.
Aunque había gran ignorancia en las mujeres de ésa época (la mayoría analfabetas y sumisas); algunas impulsadas, más por las órdenes de sus maridos que por sus propios ideales políticos, han demostrado que su participación a lo largo de la historia, ha sido tan importante como la de los hombres, tanto que sin la participación de mujeres como Josefa Ortiz, Leona Vicario, entre otras, no hubiera sido posible llevar a cabo la independencia.
Esta es la razón que me decidió a investigar dentro de mi situación problema a este personaje.
Esta es la razón que me decidió a investigar dentro de mi situación problema a este personaje.
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